< VOLVER AL INICIO

#territoriodetregua I

Nicolás 

#territoriodetregua es un espacio de práctica de sostén de lo amorfo a través de la escritura abierta y orgánica. Un territorio de experimentación alquímica #analogicovirtual que pretende habitar la intersección de resonancias. Un círculo de encuentro con el vértigo que implica la incertidumbre inherente a la vida. Una práctica de registro escrito de momentos que irán siendo y no volverán a serlo más. También es la posibilidad de integrar lo que muere, pero que de alguna forma continúa latiendo. Un espacio de infinitas oportunidades. Una plastilina de texto, imagen y observación.

Entrega I

 

Puerta amarilla. De cuando la verdura fue fruto amarillo

---

Abrir a lo imperceptible,

pero, ¿cómo? 

aquello que solo pesca la atención sensible a lo desconocido.

¿qué?, no entiendo 

Si tuviera el poder de abrir algo de lo que aparenta ser cerrado ¿qué abriría?

Que inútil la pregunta si pretendo imaginar la forma de una puerta específica,

lo desconocido es justamente desconocido por carente,

de experiencia.

Pero, qué oportuna la pregunta si solo me dispongo a percibir la inminencia de un #algoalguien que viene sin ser llamado, o, tal vez, sí, no lo sé. Un canto que pide seguir su pulso como huellas en la arena que se van borrando con el viento pero que contienen un sentido cartográfico único, el sentido imborrable del encuentro con la memoria.

bueno... Sigo, entonces, sin terminar de entender, pero sigo.

---

¿Cómo te llamás? 

Jano, ¿querés jugar a la pelota?

---

Agarro la calcita #condecisión, que no es lo mismo que #confuerza, respiro y salgo. Brilla de tan amarilla. Es un amarillo puro, esencial. Un amarillo monstruo, orgánico.

 

¿Cuál es el centro de lo que hasta ahora no se pudo limitar? 

 

¿Por qué hice raíz ahí y no en otro lugar?

 

 Hay un salto sutil,

 abismal,

 que no se ve, pero está,

y me está diciendo:

es acá.

 

La imagen es la de un rulo que se acerca a un centro y sube hacia una puerta que aparece #acánomás, suspendida en un vacío que hasta ahora no lograba ver. Solo puedo la experiencia de la nada para llegar hasta allá.

Ante la magia de la presencia del portal primero temo, después dudo del amor, del valor, y al final vuelvo a confiar. Todo esto para enfrentar una puerta rara, sin enmarcar, pero que siento la necesidad de atravesar.

Es más fácil cuando picaporte es picaporte y puerta es puerta, pero, ¿y el marco?, ¿dónde está?

La maravilla me hace pasar y su advertencia me invita a confiar: “si entrás, vas a tener que andar al ritmo estelar, imposible es ir marcha atrás, sí parar a integrar cuando toque descansar, yo te voy a avisar”.

Lo que no me puedo acordar es qué o quién me ayudó a caminar, solo sé que ahora estoy acá andando con Jano a la par. ¿Con qué cara me encontraré cuando, de tanto caminar, llegue hasta donde no alcanzo ver?

Solo puedo contar que cuando Jano apareció el otro día por azar, tenía cuerpo de niñe con pelota y ganas de patear. Su presencia me hizo olvidar lo que aquel día tenia hambre de aire y palabras que no estaba pudiendo ordenar. Salí a buscar el alimento sin pensar que lo desconocido se iba a presentar en forma de cuerpo diminuto, con tierra, algo de barro y muchas, pero muchas ganas de jugar, o, acaso, ¿quíen no transformo alguna vez el marco de una puerta en un arco de fútbol?

Después, ya alimentado, seguí.

Sigo, entonces, sin terminar de entender, pero sigo.

Pequeña reseña poética en ofrenda a Jano, hábil orador y experto en el arte de ver hacia adelante y hacia atrás. 

No lo llamé, apareció solo el otro día, así nomás. 

 

Memoria mitológica

Jano es uno de los dioses de mayor antigüedad del panteón romano. Según ciertos mitógrafos, su procedencia es indígena, por eso sus leyendas son exclusivamente romanas y están ligadas a los orígenes de la ciudad. Se presenta con dos caras opuestas perfectamente integradas, una mirando para adelante y la otra hacia atrás.

Se dice que acogió a Saturno (Cronos) cuando su hijo Júpiter (Zeus) lo destronó para gobernar y así poner fin a la edad de oro. Por eso se le atribuyen a Jano algunas de las características sobresalientes de la época de Cronos: honestidad, abundancia y paz.

Post mortem, se lo divinizó, y a partir de ahí se le atribuyeron características sagradas que no parecen tener relación con su personalidad precedente.

¿habrá sido que no quisieron ver su cara de atrás?

Se le atribuye especialmente el milagro que salvó a Roma de la conquista sabina. Se dice que hizo brotar ante los asaltantes un surtidor de agua caliente que los asustó y los puso en fuga para no volver más. Luego del milagroso suceso, y en conmemoración a aquel, se decidió que en tiempos de guerra se dejaría siempre la puerta abierta del templo de Jano para que el dios pudiese acudir en auxilio a los romanos en cualquier momento. Esta puerta sólo se cerraba cuando en el imperio reinaba la paz. 

Abro y dejo pasar a Jano,

y confío,

confío y confío

hago memoria y recuerdo,

recuerdo, que las mejores historias de amor

surgieron estando en guerra.

Sigo, entonces, sin terminar de entender, pero sigo.

 

Plano energético

Un poco de contexto: si el 2020 fue el año del juicio, éste sería el año de la caminata entre escombros. Una especie de panéo general para ponernos a buscar aquello que quedó y puede andar; y también para detectar qué de toda esa bruma ya no va más. 

¿Te pasó que te invitaron a hacer algo que hasta el año pasado te encantaba y ahora sentís que ya no más?

Bueno, ese tipo de revisión

Sería como una especie de búsqueda del tesoro. Revolver lo caído para encontrar lo que tiene potencial de ser y dejar a un lado lo que no. Una búsqueda lenta de lo deformado que solo funciona a través de lo sensible. Como si fuéramos radiestesistas de intereses nuevos y, por lo tanto, deformes (#radiestesia #rabdomancia). Humanes sensibles a lo desconocido que brota desde algún lado con mensajes poco claros en su forma, pero llenos de contenido individualísimo e inequívoco. Igual a lo que hacía un zahorí en el S. III A.C pero sin varillas de metal, solo con el cuerpo.

Desconozco qué puerta abriré mañana, solo sigo los estímulos que voy percibiendo.

Hace muy poco me di cuenta que después del juicio no hay vuelta atrás. Comprendí que no hay forma segura donde volver, que no hay nada que resolver. Por eso pensé que mejor que volver, sería ir. También descubrí que esta reacomodación #humanaplanetaria será colectiva y en resonancia, con o sin conciencia de la transmigración de “yo” a “yo en masa” (dependiendo del caso), pero colectiva y por masa crítica, o sea, que nos va a llevar tiempo. 

Mantra: la brújula la tiene el cuerpo, no la agenda. -esta brújula mental es para otro tipo de mapa, Nicolás-.

Todo lo que sucede con el cuerpo y sin pantallas hace bien. 

Hacer con el cuerpo es aprender sobre mis límites orgánicos. 

Conocer mis límites es necesario para vincularme de verdad.

Tal vez así pueda reencontrarme con Jano pero encarnado en cuerpo de ave, ya no de niñe con barro y ganas de patear.  

Sigo, entonces, sin terminar de entender, pero sigo.

Marzo, 2021

_________

Nicolás Martínez Cremonese - *** 

Nació en 1984, cuando todavía se discaba para hablar por teléfono. Es una mezcla argento uruguaya sin glifosato. Cayó y más tarde salió de la educación pública. Como actor integró varias compañías teatrales en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, siempre con muy poca popularidad, para no perder la costumbre. Cree que mucho de lo que hizo pre 2020 probablemente carezca de sentido para el mundo post covid. También cree que la certeza es la base de la locura. Es un alma antigua emparchada con corazón de ballena, cabeza de serpiente, cuerpo de pantera, contemplación de águila y sangre de abeja.