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#territoriodetregua II

Nicolás 

#territoriodetregua es un espacio de práctica de sostén de lo amorfo a través de la escritura abierta y orgánica. Un territorio de experimentación alquímica #analogicovirtual que pretende habitar la intersección de resonancias. Un círculo de encuentro con el vértigo que implica la incertidumbre inherente a la vida. Una práctica de registro escrito de momentos que irán siendo y no volverán a serlo más. También es la posibilidad de integrar lo que muere, pero que de alguna forma continúa latiendo. Un espacio de infinitas oportunidades. Una plastilina de texto, imagen y observación.

Las almas en el Aqueronte //1898 -Adolf Hirémy-Hirschl

Entrega II

Cultivar la tierra

 

No existe mito que mi cuerpo pueda encarnar.

La pureza es algo que mi humanidad nunca va a poder alcanzar.

La realidad se me presenta como danza macabra entre absoluto y posibilidad.

Me rige un caos inmortal,

hoy está siendo mezcla de Sirio, asfalto, y,

entre la grieta,

algo de vegetal.

Mi Soy es masa etérea que crece y muta a velocidad de un viento continuo,

y ahora otoñal;

vive,

crece,

y se pierde

a un ritmo que ya no puedo identificar.

Esta purga está asiendo violencia.

Vengo de nada,

para después de un rato,

volver a todo.

¿y mientras?

polvo.

 

 

 

 Presente continuo

Traduzco este presente en una gran crisis de identidad general y particular, es decir, un momento para purgar. Como los perros, que cuando perciben que algo anda mal comen pasto para vomitar. Pero como la conciencia humana tiene otra complejidad, me animo a traducir el mismo simbolismo como una oportunidad única para esculpir una nueva identidad, o sea, un relato de mí que encaje mejor con eso que me devuelve cada mañana el espejo del baño antes de desayunar. Sucede que concientizar la necesidad de purgar es algo que no nos sale tan natural como al animal. Preferimos evitar todo aquello que haga adentrarnos en cuevas oscuras, o con muy poca claridad. Si lo metafórico de cueva lo actualizo con “casa”, el proceso de exorcismo se inició cuando volvieron a cerrar toda la mentira que venía siendo esta Buenos Aires, capital. Hubo un quiebre concreto en el campo formal que me llenó de piedras la salida de esa cueva que miraba de reojo, que quería evitar.

Es un tiempo de orden caótico y sin progresión, un momento en la vida donde la sucesión de acciones que voy ejecutando no acumula: mi sentir es que todo lo que hago carece de total sentido más allá del tiempo que dure la acción concreta. Personalmente me resulta imposible imaginar un futuro próximo que estimule lo que está siendo mi presente. No me enseñaron a andar periférico, o no aprendí, no lo sé. Me pregunto cómo vivir sin centro cada mañana que amanezco. Cada día me respondo algo distinto. Me pregunto qué vale en esta lógica de identidad nómade que por ahora no logro descifrar. “Vivir es aprender a desprenderse” leí hace poco. No creo que desprenderse sea la única acción vital posible, pero me ayuda para completar este texto purgatorio con la siguiente auto-pregunta: ¿a qué escombro de eso que fuí me sigo aferrando?. Mis esbozos de respuesta aparecen en sueños de viajes, mares y personas conocidas en roles distintos a los que venían ejerciendo, todo sigue estando en el campo de lo simbólico, para mí hace poco dejó de existir lo que venía siendo la realidad

Me da alergia hablar del desastre como oportunidad, será que siento coartada la posibilidad de imaginar. Pero también pienso que no queda otra más que volver a intentar. Como pueda, pero volver a probar, volver a acordar. Son varios los mitos que identifican el momento previo a que el personaje termine su hazaña como el punto más álgido del relato. Igual que el amanecer, que comienza inmediatamente después del momento de mayor oscuridad. Me calma pensarnos en esa temporalidad de oscuridad total porque solo queda confiar en que el desastre va a pasar. Me aferro a esa esperanza de volver a imaginar ahora que siento imposible cualquier ramificación del verbo amar. Soy consciente de que cuesta encontrar donde anclar ese verbo total en tiempos de tanta rigurosidad, pero me gusta la idea de dejarlo escrito acá como una especie de ayuda memoria para cuando venga el acelere y no haya tiempo de rememorar: que lo que tenga que encarnar después de esta purga infernal tenga amor fantasía y verdad como ingrediente esencial. 

Que somos polvo de estrellas no es novedad, por eso me gusta ponerme a comparar la frenética danza estelar con algo de lo que está pasando acá. A ver si entre mezcla y mezcla logro desentrañar algo de la maraña que me toca habitar. Me pregunto si el tránsito prolongado del planeta Urano por la constelación de Tauro nos propone co-crear una forma de vivir que disponga solo de lo necesario y valioso para cada individuo, sin más. De ser así, primero vamos a tener que purgar una lógica acumulativa de extras que pesan, lastiman y desvían toda potencialidad vital. Algo vamos a tener que, entre todxs, volver a acordar, para de a poco volver cultivar. Como hizo Demeter, Zeus, Hades, y unos cuantos más.  

 

Si el mundo se terminara hoy,

quiero dejar un surco en el éter,

 listo para cultivar,

polvo de nada. 

 

Memoria mitológica

DEMÉTER. Diosa maternal de la #Tierra, pertenece a la segunda generación divina, la de los Olímpicos. Es hija de Cronos y de Rea, la segunda que ha nacido de esta pareja. Es más joven que Hestia, y contemporánea de Hera. Su personalidad, religiosa y mítica a la vez, es muy distinta de la de Gea, la Tierra, concebida como elemento cosmogónico. Deméter, divinidad de la #tierracultivada, es esencialmente la diosa del trigo. El poder que me transmite esta deidad es amplio, toca varias aristas. Pero si ahora lo tuviera que sintetizar diría que me remite al alimento vital, a una conciencia de integración natural, un gris que incluye infernal con celestial. Tanto en la leyenda como en el culto se halla estrechamente vinculada a su hija Perséfone y, es por la sensación de dolor que le genera la pérdida de este vínculo puro y total, que la Diosa decide no volver al cielo a ejercer sus atributos divinos, ya que, para ella, sin su hija todo carecía de potencialidad. Pero como nada en las leyes del universo puede parar, hubo que recurrir a un acuerdo para que no cese su función de fertilidad. Es por eso que Zeus y Hades tuvieron que conversar y acordar una suerte de transformación continua entre muerte y vitalidad. Una hermandad, de ying-yang que devolviera algo de sentido a lo que parecía no poderse regenerar. Hubo un tiempo de sequía, de dolor y pérdida completa de vitalidad a partir del cual surgió lo esencial. Estación implica habitar un tiempo el Hades para después de un rato a través del aire volar. El momento de cultivar la tierra, no es el mismo que el de sembrar y menos que el de cosechar. Si tocara navegar el fantasmal Aqueronte, que la esperanza de llegar a otro lugar acompañe siempre ese viaje infernal hasta el final.

No existe antídoto que logre sistematizar de manera total la experiencia caótica que implica habitar este plano terrenal. 

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Nicolás Martínez Cremonese - ***

 

Nació en 1984, cuando todavía se discaba para hablar por teléfono. Es una mezcla argento uruguaya sin glifosato. Cayó y más tarde salió de la educación pública. Como actor integró varias compañías teatrales en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, siempre con muy poca popularidad, para no perder la costumbre. Cree que mucho de lo que hizo pre 2020 probablemente carezca de sentido para el mundo post covid. También cree que la certeza es la base de la locura. Es un alma antigua emparchada con corazón de ballena, cabeza de serpiente, cuerpo de pantera, contemplación de águila y sangre de abeja.