< VOLVER AL INICIO

#territoriodetregua III

Nicolás 

#territoriodetregua es un espacio de práctica de sostén de lo amorfo a través de la escritura abierta y orgánica. Un territorio de experimentación alquímica #analogicovirtual que pretende habitar la intersección de resonancias. Un círculo de encuentro con el vértigo que implica la incertidumbre inherente a la vida. Una práctica de registro escrito de momentos que irán siendo y no volverán a serlo más. También es la posibilidad de integrar lo que muere, pero que de alguna forma continúa latiendo. Un espacio de infinitas oportunidades. Una plastilina de texto, imagen y observación.

Psique abandonada // Jacques-Louis David, 1795, Colección privada, EEUU

Entrega III

Sin nombre

 

Llevo mínimo toda mi vida tratando de nombrar lo que ya murió. Las palabras del juicio me llegan cuando el barco zarpó. Mientras, flotan en el medio del río, como aquella boya oxidada que divide el territorio rioplatense y observo cada vez que voy hacia la raíz. El encuentro es de improviso, de atrás para adelante, con movimiento oscilante y constante. El drama está en el límite. 

 

¿Cómo habitar la impermanencia? ¿Cómo narrar sin fijar posibilidad? ¿Cuánto tiempo se puede tolerar habitar sin iluminar algo de mi oscuridad? ¿Cómo pretender nombrar la totalidad sin antes haber aprendido a amar? ¿Cuántos años lleva Júpiter dando vueltas alrededor del sol sin poder tocarlo?

 

La sensación de total incomprensión.

La sensación de in proyección, como única visión.

 

Oda al sentido desesperanzado

Oda al sentido no - común 

Oda al sentido percibido

Oda al sentido

 

Me quedo con Sentido un momento para declararme, también, inexistente. La inexistencia me calma, como el aire fresco de mar, aire de humedad. También me inquieta, no aprendí a vivir inexistente. Una sensación de particular ambigüedad, que me está sucediendo en esta húmeda práctica inexistencial. Un encuentro entre movimiento oscilatorio y lineal que se me está presentando, hasta ahora, imposible de decodificar. 

 

¿Cuánto tiempo podré ser boya,

y flotar oscilante,

 entre el límite de lo que fue

y?  

 

El agua es implacable, y por tanto, la puerta de acceso a la divinidad. ¿Será el temor que me genera aceptar lo fundamental e incomprensible del verbo amar, lo que me lleva a profarnarlo cada vez que intento ponerle nombre? El amor mora en lo innombrable. Si la cuestión de unir opuestos fuera una verdad, en este punto me animo a decir que Sentido emerge desde la húmeda profundidad inexistencial que solo estoy pudiendo captar, flotando oscilante en territorio propicio para la ambigüedad, que puede ser alimento, también germen de necedad


¿Cómo expandir el significante del verbo amar? Elijo articular ese verbo total para incomodar esta lectoescritura y así abrir el espacio sensorial para junt_s oscilar en el vasto simbolismo del mito de Psyche alma, en griego & Eros Dios del amor y, para algunos poetas míticos, hijo de Afrodita, diosa de la belleza. Propongo para este transe #contempomitológico por un rato intentar no significar, sino escuchar la latencia de la profundidad infinita del símbolo. 

 

El relato del mito enunciado es en esencia la historia del desarrollo y maduración del sentimiento humano y, por ende, la puerta de acceso a las relaciones humanas. No existe verdadera posibilidad vincular sin la experiencia que la mortal Psique decidió atravesar. La interpretación de esta historia mitológica tiene infinidad de capas, como la cebolla, pero lo que resulta una constante en cualquiera de sus relatos es que el drama gira alrededor del motivo central de todo corazón humano: el amor. Resulta interesante simbolizar, en estos tiempos de tanta necedad, que la vida, como acto de amor primordial, no existe como tal sin la acción de iluminar lo que voy pudiendo percibir de mi vasta oscuridad. Esto porque el alma, desde una concepción metafísica así como desde una aceptación más general, siempre va desde y hasta una concentración de energía trascendental, transformadora. Hay una suerte de intranquilidad en la estabilidad que para el alma resulta imposible de tolerar. 

 

La historia del mito cuenta que Psique era una princesa extremadamente bella. Era tanta la belleza que esta princesa encarnaba que hasta la propia diosa Afrodita se mostraba molesta e irritada por la existencia de una mortal con dotes tan o más atractivos que los suyos. Era tal la ira y la envidia suscitada por la mortal que, luego de algunas idas y vueltas, la misma Diosa del amor y la belleza ordenó la muerte de la preciosa princesa, encomendando a su hijo Eros la tarea de custodia de su fatal crueldad. Por tal decisión Psique fue llevada a una roca lejana para que su muerte sucediera en boca de un monstruo negado y poderoso que, en ocasiones, emergía desde aguas profundas. Pero como El verbo total simboliza, entre otras cosas, una esencia de movimiento oscilante, oscura e imposible de controlar, hasta la misma diosa tuvo que fallar y aceptar que el sentido central que guía la humanidad es, además de incontrolable, innombrable e inmortal. Si no fuera por ese algo que opera pero no se puede tocar, ¿cómo explicar que el mismo Eros se iba a enamorar de la mujer que su madre había decretado eliminar? Lo concreto es que el ahora enamorado dios Eros no solo sucumbió al mandato maternal, sino que además contrajo casi de inmediato matrimonio con la bella princesa.

 

Pero como este relato amoroso sucede entre divinidad y mortal, algo que para los límites del universo es imposible de concebir, ésta tuvo que aceptar la condición impuesta por el mismo dios del amor de no preguntar, ni por cuenta propia develar, la identidad de quien por esposo estaba destinada a aceptar. Psique adhirió a la propuesta sin objetar, entonces Eros construyó un palacio fantástico, de felicidad. La vida de la bella mortal iba siendo perfecta hasta que sus hermanas decidieron con saña sembrar en el interior de ella la semilla de la sospecha por la condicionada y extraña unión marital. Entonces, una noche, con lámpara y daga en mano, la mortal se propuso afrontar y develar el rostro de su misterioso marido. Fue tal la conmoción que le generó percibir lo grandioso de El verbo total descansando en su lecho nupcial, que tropezó y, al mismo tiempo que se pinchó con una de las flechas del infalible dios del amor, derramó unas gotas de cera sobre el torso desnudo de su amado. Eros, al despertar y comprobar que Psique había incumplido con su promesa, decidió intempestivamente agarrar sus flechas, y volver al Olimpo para ponerle fin a la fantasía de amor #humanocelestial. Casi de manera instantánea a la partida de la divinidad, desapareció la ilusión del matrimonio endiosado, al igual que el palacio y el idílico lecho nupcial

 

Fue en la misma piedra de la desesperanza donde aquella vez el amor del dios por Psique emergió, a donde la atormentada mortal decidió regresar para, por angustia y dolor, ahogar su vida. Pero, así como el pensamiento es hijo del viento, el agua es la madre del corazón. Habrá sido esta la condición por la cual la humedad del río no la tragó, sino que más bien la bañó y acompañó hasta la orilla del cauce natural de su vida. Lo innombrable puja aun cuando las palabras lo pretenden limitar. Fue tal vez este intento suicida simplista el que lleva a encontrar a Psique con su mayor vitalidad. No logra enunciar y nombrar, pero sí comprender que el alma es alma sólo cuando está perdida, no antes, tampoco después.  

 

Lo que continúa del relato es la historia de una mujer que decide vivir a partir de un compromiso leal con El verbo total, es decir, vivir ceñida a la práctica de la profundidad de amar. Son varias y diversas las pruebas que la irritada diosa Afrodita le obliga a atravesar como condición para recuperar a su amado Eros. Cada una de ellas tenía su característica y complejidad, pero en todas latía la imperiosa necesidad de habitar la experiencia de la imposibilidad para, a partir de ahí, resucitar. Era tanta la vitalidad concentrada en cada prueba que se sentía morir en cada una de ellas. Es que en la entrega total no hay espacio para pensar en nombrar. Ella resucita a partir de la magia de lo divino porque vive con el ímpetu que sólo se puede lograr cuando se logra encarnar el espíritu de El verbo total. La divinidad no es una fábula mental, es encuentro y continuidad de experiencia nodal. Psique no tiene tiempo de pensar en nombrar, está ocupada en amar.

 

La vida en continuidad,

de pruebas,

a partir y desde,

El verbo total. 

En el medio, 

la sensación de la experiencia. 

¿ocupación?

  

 

Con la valentía de la heroína mítica, pero con la completa aceptación de su condición de no guerrera, la preciosa Psique decide vivir habitando en y con lo innombrable. Esto como ofrenda vital, como valoración y aceptación de su condición de sujeto impermanente. Una especie de vitalidad anormal que en estos tiempos de incomprensión total me ayudan a guiar lo que está siendo mi humanidad inexistente. Si en esta vida hubiera algo importante a lo que aferrarme, que sea la guía del lado oscuro de mi mente, aquello que no puedo nombrar, tocar, ni explicar lo que marque el rumbo a mi próxima prueba de experiencia nodal. 

 

Volviendo un poco al acá percibo que vivir también con desesperanza es parecido a la imagen de la boya rioplatense, que flota y oscila justo en el encuentro de río con mar, con la tranquilidad que solo quien se comprende impermanente puede encarnar. En épocas de extremo significante, los lenguajes simbólicos son lo único que nos queda antes de la extinción. Son alimento. Cumplen la función de la lámpara de Psique, dar luz. Iluminar implica dejar de ver como que venía viendo y, por lo tanto, también implica no saber ni poder nombrar. Una especie de aprender a habitar, tal vez de aprender a hablar. Todo lo que aprendí en mi vida murió, o algo de mi murió con ese aprendizaje innombrable. Lo peor que hice en cada una de esas experiencias totales fue tratar de entender. Esa pretensión comprensiva de lo que en definitiva termina siendo una ilusión, es el obstáculo más grande que podemos atravesar como humanidad. Aceptar que hay cosas que no están habilitadas para nuestra comprensión es lo más cerca que percibo podemos estar de la libertad. Vuelvo a traer el mito narrado y observo en la heroína una completa aceptación de la trágica experiencia vital. La asimilación experiencial de Psique desde que ilumina el rostro de su oscuridad, pasa a ser verdadera, pura experiencia nodal, porque oscila en constante sintonía entre muerte y vitalidad. Las acepta e integra, como parte de la experiencia vital, que en definitiva termina siendo la práctica de amar. Esta heroína mítica logra comprender a través del dolor que creer en la emoción implica edificar una ilusión mental. Sin detenerse para analizar, comprende un lenguaje que se me presenta vibracional. Su alma necesita viajar sensible desde el movimiento de su profundidad y esto lo logra pudiendo discernir en cada experiencia qué es ficción, qué es verdadero y, por ende, qué pasa a ser realidad. Genera una alquimia entre destino, verdad y realidad imposible de limitar. Habita ese encuentro borroso como lo hace la misma boya rioplatense que flota y se mueve sin parar, ahí cerquita del encuentro de río y mar. 

 

En este tiempo de frío y reclusión inexistencial, invoco a Psique, para que nos guíe en lo que está siendo nuestro hoy como una melodía que suena en un acorde tal vez incomprensible y desesperanzado, pero en el fondo, tranquilizador.

 

Junio, 2021 

_________

Nicolás Martínez Cremonese - ***

Nació en 1984, cuando todavía se discaba para hablar por teléfono. Es una mezcla argento uruguaya sin glifosato. Cayó y más tarde salió de la educación pública. Como actor integró varias compañías teatrales en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, siempre con muy poca popularidad, para no perder la costumbre. Cree que mucho de lo que hizo pre 2020 probablemente carezca de sentido para el mundo post covid. También cree que la certeza es la base de la locura. Es un alma antigua emparchada con corazón de ballena, cabeza de serpiente, cuerpo de pantera, contemplación de águila y sangre de abeja.