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#territoriodetregua IV

Nicolás 

#territoriodetregua es un espacio de práctica de sostén de lo amorfo a través de la escritura abierta y orgánica. Un territorio de experimentación alquímica #analogicovirtual que pretende habitar la intersección de resonancias. Un círculo de encuentro con el vértigo que implica la incertidumbre inherente a la vida. Una práctica de registro escrito de momentos que irán siendo y no volverán a serlo más. También es la posibilidad de integrar lo que muere, pero que de alguna forma continúa latiendo. Un espacio de infinitas oportunidades. Una plastilina de texto, imagen y observación.

El drama, Raquel Forner, 1942

 

Entrega IV 

 

Dios



La idea 

¿Cómo ser Dios?

Dios conciencia. Dios respuesta. Dios solución.

Quiero Inmunizar, evangelizar bien.

Orar. Narrar.

Antes Dios no existía,

hace unos días Dios me encontró,

desde ayer,

ya soy.

 

Una metamorfosis nivel Dios  

Dios dejó de ser método para pasar a ser fórmula, 

receta de protocolos con pago por QR.

Entonces rezo al bien,

a la combinación de moléculas nivel Dios,

y creo, creo en dios formula todopoderoso y me desvisto para recibirlo.

Desnudo me hubiera quedado en ese cuadrado desmontable de haber podido, 

para recibirlo en mi cuerpo impuro, 

imperfecto, 

hasta ahora errado.

Padrecito, ¿te acordás de mí? 

a la marca de tu envase le pregunto.

Soy aquel que llegó a este plano

inmaculado, ensangrentado.

Para recibirte hoy me bañé.

Ahora sí, Dios es parte de mí y respiro,

también sonrío, y miro con esperanza al frente.

Todo nivel Dios.

Dios solución, Dios sí se puede. Dios aplauso. Dios confirmación.

La selfi con la respuesta, retrato del bien.

Puedo todo. Ahora puedo todo. Ahora sí.

Tengo a Dios en mis venas,

Ahora soy Dios.

 Sacrificio: 3. Matanza de animales. 

 

Palabra de Dios, desesperanzado.

Fui síntesis, fui misterio, fui carne, fui lo máximo, fui yo. Decidí subir.

Fui magia, fui esencia, fui polvo de estrellas. Todo tan poco… por eso ahora soy formula: Primero genoma, y ahora máquina.

Soy todo entendimiento, soy todo desesperanza.

Fue el barullo lo que me inmortalizó. Soy un producto del desconcierto. Soy hijo de confusión.

Llegue a eso que brilló. Encarne la luz. Todo tan poco… por eso ahora soy formula: soy el deseo, y quiero cuerpos donde habitar. Quiero todos los cuerpos porque soy la solución. Soy inmortalidad, de verdad. Quiero definir todos los destinos posibles con hora, día y lugar. Con turno reservado, cita previa y DNI.

Soy lo opuesto a la fantasía, soy puro conocimiento. Soy pensamiento de avanzada que todo lo ve, todo lo sabe. Soy solución multiplicadora, imparable, fabricada en Malasia, y ahora en Argentina, for export.

Soy todo consciencia. Soy ciencia. Soy templo. Soy Universidad. Soy el saber. Soy el fin de la noche. Ahora soy inmune, nunca impune.

Soy todos los tiempos: puedo volver para atrás con un discurso de avanzada, soy viento. Puedo volar. Soy avión, soy invento. Soy todo lo que está bien, soy todo. Soy aguja hueca, también soy vacío. Soy la mueca de la imagen de alguien que no es. Soy la inmunidad. Soy la orgía inmunizada que pensé en plaza Francia, o el viaje que visualicé cuando por inconsciente me alimentaba de imaginación.

Soy la cura. 

 

Memoria mitológica, los vuelos impredecibles.

Hablar de Ícaro obliga a hablar de Dédalo, su padre. En un punto a tod_s nos pasa lo mismo: no puedo hablar de mí sin hablar un poco de la figura de papá. Cuanto más grande es esta, más grande es su sombra, por lo tanto, más compleja pasa a ser la vida. Siempre hay un padre al que se le pide, se le repudia, se le reza, se lo ama. El tema es poder verlo. 

Hay un anhelo profundo en estos tiempos evolutivos de la humanidad en no crecer, en no asumir las propias limitantes, en tener un padre donde proyectar todo aquello de lo que no nos podemos hacer cargo. Hemos construido un fantasma ilusorio al cual le pedimos, consciente o inconscientemente, que nos resuelva lo que no estamos pudiendo afrontar. Que nos haga de papá: papá Estado, papá norma, papá profe, papá anti peste, papá.  Pero sucede que lo incontrolable marca la brújula siempre, nos guste o no, termina irrumpiendo una potencia negada que nos muestra de frente lo que veníamos siendo, lo que veníamos negando. Termina apareciendo un 2020 que nos cuenta que no existe padre universal que nos proteja de todo mal, y que tampoco existe inmunidad que se pueda injertar. Pretender vivir en esta sociedad con inmunidad simbólica o efectiva sin desarmar el círculo vicioso y virulento que la constituye, es lo mismo que pretender edificar sobre una nube, ¿Cuánto protagonismo en nuestra salvación le proyectaremos a la vacuna? La caída desde la nube de fantasía claro que es la muerte, pero en este caso trágica.    

Percibo otro anhelo humano, tal vez más profundo, que pretende resolver el conflicto que, por temor, nos negamos a habitar. Si les cuento la cantidad de tiempo de vida que tengo invertido en intentar resolver el misterio, de seguro no se asombrarían, de hecho intuyo que me entenderían a la perfección. ¿Qué parte del todo nos corresponde? ¿Qué es lo que verdaderamente debemos sostener como especie? ¿A qué se referirá en sentido amplio Haraway cuando habla de aprender a convivir con actores no humanos? ¿Por qué nuestra conciencia cree que equilibrio es sinónimo de fijeza? Cuando me hago estas preguntas me siento ínfimo, parte de un colectivo que olvidó uno de sus principales poderes: la pertenencia a la tierra. 

Me siento máquina, me siento parte y dentro de la basura. No me vacuno para inmunizarme, lo hago para estar en riesgo. Vuelo de fiebre 48hs después de la inoculación y no tomo antipirético porque necesito sentir nuestra creación, hacerme cargo de la parte de  obra que me corresponde, hacerme de virus. Más que a Dios, con esa dosis encarné al Diablo, que desde hace un tiempo venimos alimentando con fuerza: ¿qué sucederá cuando luego de este periodo de abstinencia volvamos a contarnos que acá no ha sucedido nada, que hemos terminado la penitencia y que ya estamos list_s para seguir jugando a que está todo bien? Conocida negligencia de mortales con, ¿actores no humanos?. Mi teoría es que somos por dentro una rueda en constante movimiento que va tejiendo posibilidades en base a nuestras decisiones, es decir, con cada decisión tejemos una posibilidad, que puede ser de novedad, o de repetición. Tejer novedad podría ser como caminar en lo aparentemente desconocido, con plena consciencia de todo lo recorrido, pero con el ímpetu y el hambre de hacer mejor. Tejer repetición para mi sería la imagen de una caminata circular mientras me voy contando que esta vez sí lo voy a hacer distinto, sin darme cuenta que el solo hecho de estar contándome lo que voy a hacer implica saber, es decir, implica volver a repetir. En mi caso la diferencia es física: en la novedad siento el cuerpo vibrar como reacción a un tránsito incierto pero vivo, en la repetición me duele la cabeza. 

El mito introducido cuenta lo siguiente: Dédalo fue el inventor más prestigioso de Atenas, Ícaro su único y adorado hijo. Éste, era muy poco dotado en el oficio de las artes, área de maestría de su padre, razón por la cual el último decreta su incompetencia y coarta el posterior desarrollo creativo de su hijo. Es el asesinato de Pérdix –o Talo, según alguno poetas míticos-, sobrino de Dédalo, primo de Ícaro, el hecho que hace que padre e hijo huyan de Atenas y lleguen a la compleja isla de Creta, territorio reinado por Minos. La relación entre el inventor y el Rey Cretense fue creciendo en confianza hasta que el artesano decide colaborar a espaldas del Rey con Pasifae, Reina de Creta, en la construcción de una vaca de madera tallada que sería templo de gestación del famoso minotauro, mitad hombre mitad animal, hijo monstruo de la reina, producto de un amorío fugaz con un toro divinizado por el mismísimo Poseidón. La ira que este hecho desata en Minos crece hasta tal punto que decide encerrar al artesano y su hijo en una de sus últimas construcciones Cretenses: el laberinto que resultara cárcel para el monstruoso hijo real, indigno para ser asumido como parte de la familia y, por ende, digno de ser ocultado en las profundidades de la negación.

El reconocido inventor había podido construir a lo largo de su vida todo lo que imaginó menos su gran fascinación: un vehículo para volar. Según la filosofía Maya, existe un sello galáctico oculto de gran potencial en cada alma que en general no se desarrolla en el destino de la persona, porque requiere de un compromiso muy profundo de auto superación y encuentro de sí mismo, algo que percibo que como humanidad estamos decidiendo evitar. -¿qué opinan?-. Pero interpreto que la desesperación generada por la sensación de proxemia de su muerte y la de su hijo Ícaro llevó a Dédalo a hacer una especie de curso acelerado de encuentro con su poder oculto más sagrado, ya que con la ayuda secreta de Pasifae, en una especie de devolución de favores, se encomendó a fabricación veloz de su último intento volador: desarrollar una estructura con plumas de aves, madera liviana y cera de abejas que les permita salir volando de la isla de Creta y así evitar los ejércitos controladores que el Rey Minos había desparramado por todo su territorio.

Una vez terminada de manera exitosa la maquinaria voladora, el padre intenta proteger al hijo con estas sabias palabras: “No vueles tan bajo porque el agua del mar te va a mojar las alas, eso va a hacer que aumente tu peso y te vas a caer, tampoco lo hagas tan alto porque los rayos del sol van a derretir la cera con la que pegué las plumas y, sin que te des cuenta, desaparecerán tus las alas”. Lo que no pudo ver el creativo Dédalo es que la protección no sucede solo con la palabra, mucho menos con el aviso opresor, por eso es que el joven Ícaro, extasiado por la sensación que le generaba la experiencia voladora, no pudo otra cosa más que subir y subir con la mera intención de llegar al Olimpo y cruzarse con algún Dios, porque, en un punto, el hecho de estar volando le hizo creerse un poco Dios, entonces: ¿por qué no aprovechar el impulso y hacer un café en las nubes con alguna Deidad? Las alas fabricadas por #papámaestro le dieron al pequeño una suerte de sensación de omnipotencia y superioridad voladora. La fórmula paternal instaló en la psiquis del inmaduro Ícaro una falsa creencia de inmunidad al riesgo; sin quererlo, Dédalo construyó un edificio demasiado pasado para una nebulosa mental compuesta por ideas confusas y pensamientos sin raíz. La profecía del padre se cumplió, la cera se derritió, el artefacto fallo, y el hijo cayó de cabeza en picada al ojo de agua duro como el mármol en el que se convierte el mar cuando se lo mira desde tan lejos.

El esfuerzo que requería mover las alas, no era el mismo que requirió haber hecho el artefacto. Resulta paradójico que al maestro artesano, experto en las artes de la materia, se le hayan pasado por alto las leyes del proceso: trabajar, atravesar dificultades, asumir riesgos. Existe una sabiduría ancestral que se activa en el hacer que, entre otras cosas, nos pone de frente a la inmensidad de lo que no es pero que nos está acompañando y observando siempre. Esa misma sabiduría que nos hace sentir “parte de”, chiquitos, terrícolas y en relación. Esa misma sabiduría que nos ayuda a discernir lo que está a nuestro alcance, y lo que le corresponde a otra dimensión. Esa práctica sabia es la que nos ayuda a definir la altura de vuelo. Lo que queda por fuera de esa línea es creer que puedo llegar al Olimpo o las profundidades del Hades, según con qué haga identidad mi psiquismo. Comprarlo hecho y sentirme por ello inmune al riesgo, profetiza un final de resultado opuesto al predecible.

La figura de Ícaro simboliza la reacción desmesurada luego de un periodo prolongado de temeridad juvenil castigada y contenida. Hay un momento donde la protección paternal se transforma en intoxicación, y una vez traspasado dicho límite, el aprendizaje evolutivo pasa a ser con dolor, dolor trágico. El momento de la muerte de Ícaro fue decretado cuando el padre decidió declararlo inoperante y no enseñarle la maestría de las artes, no cuando el pequeño inmaduro desobedeció el mandato paternal. Los espasmos de libertad son justamente espasmos porque expresan reacciones a una contención previa. Pienso en la fórmula de “la solución” del sistema actual, pienso en la comunicación de rebaños que nos sigue hablando de ell_s y nosotr_s, pienso en la cantidad de monumentos construidos en las nubes y pido al cielo que si nuestra decisión es seguir evitando, nuestra caída sea lo más rápido posible, porque, para continuar con la referencia paterna, mi padre siempre me dijo: un segundo antes que decidís enfrentar un problema es un segundo más que tenés después para vivir sin esa opresión. Mientras tanto, me exijo depositar la poca esperanza que me genera el simbolismo vacuna en la forma que tomó una energía de conciencia amplificada de génesis solidaria, mancomunada, transversal y globalizada. Una especie de antídoto que psíquicamente nos ayude a sacarnos cuanto antes el miedo del cuerpo para crear lo más rápido posible un nuevo sistema de convivencia terrícola que nos considere en vínculo constante con diversidades animales y vegetales. Que nos haga sentir en riesgo, por lo tanto, vitales y amoros_s, no inmunes. Pido al cielo una chance mas, sí, una más para comprendernos parte del entramado de un todo y no especiales, muchos menos endiosad_s. A Dios lo que es de Dios, al César lo que es del César.

El anciano se agacha, se ata al frágil tobillo

un largo hilo (a fin de no perderse),

con un gruñido se endereza, y sale para el Hades.

 

-extracto de poema de Joseph Brodsky, en relación al mito de Dédalo e Ícaro-

 

Septiembre, 2021

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Nicolás Martínez Cremonese - ***

Nació en 1984, cuando todavía se discaba para hablar por teléfono. Es una mezcla argento uruguaya sin glifosato. Cayó y más tarde salió de la educación pública. Como actor integró varias compañías teatrales en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, siempre con muy poca popularidad, para no perder la costumbre. Cree que mucho de lo que hizo pre 2020 probablemente carezca de sentido para el mundo post covid. También cree que la certeza es la base de la locura. Es un alma antigua emparchada con corazón de ballena, cabeza de serpiente, cuerpo de pantera, contemplación de águila y sangre de abeja.