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#territoriodetregua V

Nicolás 

#territoriodetregua es un espacio de práctica de sostén de lo amorfo a través de la escritura abierta y orgánica. Un territorio de experimentación alquímica #analogicovirtual que pretende habitar la intersección de resonancias. Un círculo de encuentro con el vértigo que implica la incertidumbre inherente a la vida. Una práctica de registro escrito de momentos que irán siendo y no volverán a serlo más. También es la posibilidad de integrar lo que muere, pero que de alguna forma continúa latiendo. Un espacio de infinitas oportunidades. Una plastilina de texto, imagen y observación.

Entrega V

 

des-

 concierto

 

 

Hoy

no hay mito, hay desconcierto. 

 

No hay tiempo, hay desconcierto. 

 

Hay prisa, y desconcierto.

 

También hay tierra devastada, y sobre el polvo, desconcierto. 

 

Hay movimiento, por lo tanto, hay desconcierto.

 

Hay … Ay de mí... 

 

¿y si nos diéramos el tiempo?



¿Qué está pasando? ¿Fui el único perejil? ¿Alguien más no volvió? ¿Seguimos haciendo tod_s lo mismo? ¿La misma forma? ¿La misma fórmula? Ante tanto barullo, tuve que recurrir al oráculo. Traducido en estas palabras que me brotan, dijo algo así: 

 

 

Si se refuerzan muros sin conciencia de su fundamento, 

lo opuesto a la ventura. 

 

Si la disminución de bienestar es impuesta desde lo alto, y, 

por condición de tal,

 carece de decisión personal de sacrificio, 

lo opuesto a la ventura. 

 

Si el espíritu de merma brota genuino desde las fuentes inferiores, 

ventura. 

 

 

La autoridad y la conciencia instintiva funcionan, para mí, como opuestos complementarios. Uno necesita del otro para desarrollarse, pero la incidencia del primero por sobre el segundo debe mermar con el paso del tiempo, de lo contrario, lo opuesto a la ventura, diría EL oráculo. Que barbijo sí, después que no. Que lo que antes era un sacrilegio, ahora está habilitado, ¿en el medio? alborotado desconcierto. Plumas volando en un gallinero descocado. La complejidad del período actual vacila en tensión entre instinto y autoridad, sin desarrollo de conciencia.  

 

La pulsión instintiva no resiste protocolo porque su naturaleza no tolera la forma. Por lo tanto, en este momento de erupciones pulsionales varias, primero, nos invito a defendernos de todo tipo de abusos de autoridad injustificados que pretendan forzar los límites de nuestra existencia. Aclaración de la invitación: En la defensa personal no hay espacio para el castigo al autoritario, porque se asume su rol no como una responsabilidad ajena, sino como una incapacidad personal para auto ejercerla. Propongo darnos un tiempo para caminar silbando bajito, total nadie sabe un carajo. Tal vez a partir de esa caminata periférica logremos que, por una vez, los limitantes broten de nuestra conciencia individual y colectiva, y que, a raíz de esa acción, no haga falta que nos los impongan. A ver si de una vez por todas cortamos el ciclo y dejamos de corear ¡El Rey ha muerto! ¡Viva el Rey! 

 

En estos tiempos de conciente exterminio autoritario me vengo preguntando mucho por el teatro. En particular me pregunto cómo está siendo mi relación con él. Aún no tengo respuestas claras, por lo que nos mantenemos en conversación. Lo nuestro está siendo una especie de maceración amorosa, podría alegar como metáfora (deseo: que el futuro nos encuentre en el beso que se nos perdió). Perdón, teatro, es que dentro de este contexto me resulta imposible convocar y pasar al frente a decir en voz alta. A su vez, basado en esta misma referencia contextual, me animo a decirte que es posible que en un futuro sí pueda hacerlo, pero antes de salir a hablar alto, necesito este tiempo de observación. Te prometo que cuando suba de nuevo a contarte, me vestiré de oscuro, y llevaré conmigo la última capa de sombra con la que me iluminé. Esa será la verdad que te entregaré como ofrenda. Tengamos fe en que si esto es amor, con seguridad no habrá vencimiento. Entonces, sin miedo al olvido, démonos el tiempo.  

 

¿Qué nos quedó escondido y necesitamos del teatro para desenmascarar?

 

Adentro nos quedó la esencia, más inhibida y oculta que de costumbre. Tal vez sea esta la obra que, en algún momento de nuestra existencia, necesitemos compartir. Tenemos todo el tiempo de vida para indagar en nuestra verdad más profunda, en lo sagrado. Pero para que esto suceda, tal vez sea necesario que nos demos un momento de olfateo, de reconocimiento, y más luego encontrarnos a compartir rituales, es decir, verdades. Sin ese momento de autorregistro que nos cuente cómo es que vamos estando, corremos el riesgo de perdernos en el mareo general, y eso sería lo opuesto a la ventura -¿o no, oráculo?-. En esta parte del relato, me parece importante recordar que la otredad termina de anclar el proceso individual, pero no lo evita.

 

También por estos tiempos de Des-concierto estoy reflexionando bastante en relación a la obra artística y su vínculo con la otredad. Me preguntaba por qué era que no sentía la necesidad de salir a mostrar, ahora que nos abrieron el corral y nos sacaron el bozal -¿Por qué tener que salir con urgencia a enmarcar un monstruo que todavía me es imposible descifrar?- Estoy en fase mancha, por ahora lo único valioso que tengo para contar es lo que estoy diciendo en estas líneas. 

 

La obra es necesaria pero no valiosa” le decía sin filtro a un amigo cuando me invitaba a participar de la reprogramación de su última performance en un conocido teatro porteño. Con la irrupción de ese comentario fui, al mismo tiempo, víctima y victimario de la enfermedad de lo instantáneo vía mensaje. Pequé de impulsivo, y habrá sido, tal vez, ese impulso el que me llevó a la necesidad de ampliar esa reflexión en estas líneas. Lo que quise decirle a amigo era que sentía que las complejidades de los tiempos que corren hacen sus denuncias por sí solas, sin tapujos ni metáforas, que todos nuestros fantasmas están a la vista y nos hablan sin despecho, y, por lo tanto, cualquier ficción me queda ajena o irrelevante frente a la crueldad de lo que estamos viviendo. También intenté decirle que agradecía su invitación y que iba a ir a ver su obra porque necesitaba ser parte del ritual de la presencia nuevamente. Eso sí necesito, y me animo a decir, necesitamos: #presencia y #ritual. En un teatro, o en cualquier otro lado, pero #presencia y #ritual. Espero ahora haber sido más claro con estas líneas, Mariano.

 

 

Hoy:

 Temo que el fantasma de la inmediatez se apodere de mi obra

 

Unos años atrás leí lo siguiente: “El teatro se hace dentro del marco del presente, de cara a la historia, y frente a la mirada de los dioses” (y las diosas, agrego yo en este momento) ¿Cómo recortar y enmarcar en un cuerpo la densidad del hecho presente cuando su velocidad de ejecución superó ampliamente las posibilidades de la materia? No lo sé, por eso recurro a la fuerza del contenido para compensar la pobreza formal de lo que vengo compartiendo en este último tiempo, inclusive en esta sección de escritura. Ante Dios no hace falta ninguna apariencia, me calmo en ese proverbio y en la conciencia de que no hay recorte verdadero de mi esencia en relación a este presente que pueda sostener con verdad más de tres minutos seguidos -ni el teatro micro me llega a contener en este estado...-. También me calmo en la conciencia de que mi obra necesita tiempo.

 

¿Qué habrá querido decir el oráculo con “espíritu de merma”? ¿Estará haciendo apología de la sobriedad? Tal vez, pero si tuviera que simplificar esa poética infinita, podría reducirla a que es menos; y es que sí, es necesario que en algún momento de la experiencia terrenal concienticemos el drenaje energético que nos implica andar por la vida como bola sin manija, deambulando por los mismos escenarios sin comprender lo que estamos haciendo. Es necesario empezar a precisar movimientos, a ver si brotan acciones. 

 

Ante un error interpretativo que cometí en el armado del hexagrama, el oráculo siguió hablando, y, cuando eso sucede, hay un proverbio que dice que es propicio escuchar. Entre citas textuales e interpretaciones personales sobre sus comentarios, decía algo así: 

 

Si el Rey se embriaga de la fuente de la necedad, 

lo opuesto a la ventura. 

 

Si apelo a la quietud frente al abismo, 

lo opuesto a la ventura. 

 

Si el relleno de lo necio es acuoso, 

 podrá devenir ventura. 

 

 

-Ufff… estaba voleado, medio drogui, sin terminar de decodificar los primeros símbolos y el sagrado me regala esta data… mamita- Hay veces que la generosidad y la entrega desmedida son contraproducentes porque entorpecen el proceso de asimilación de la experiencia individual -puede que sea éste el caso-. Leo Rey, embriaguez, necedad, quietud, abismo, y se me arma un caminito de “X” cuya imagen final termina en la quinta presidencial  -digo, el castillo de Hamlet-. No quisiera entrar ahí en extenso porque, de hacerlo, no sabría cómo llegar al desenlace de estas líneas. No sé ustedes, pero en mi caso, cuando me hago la imagen de ese palacio de lo irreal, no veo una sola lamparita de luz prendida que me muestre el camino hacia la salida. Pero, siendo que es propicio escuchar, tampoco quiero dejar de nombrarlo: Haber celebrado clandestino durante el año del juicio significa sentirse omnipotente, y, ante esta infernal creencia, como decía párrafos arriba, es propicio defenderse mediante el rechazo de todo tipo de abusos injustificados -si los muros del reinado son de embriaguez y necedad, ¡que el Rey sea muerto!-.

 

El tiempo de reclusión pareciera que terminó. Ahora toca la instancia de relleno de los sitios huecos que haya dejado el vendaval de la experiencia pandémica en cuarentena. Veo la imagen de un manantial que brota incesante, pero lenta y orgánicamente. Siento esa imagen, mejor dicho. Es hora de asumir que estamos heridos y cansados, como lo está cualquier animal después de atravesar el ojo de la tormenta. Démonos un tiempo fuera del tiempo para evitar insuflar mediante actitudes inescrupulosas el flujo natural de ese manantial verdadero (tal vez así grite “Ventura”, el oráculo). Nos propongo hacer foco en el relleno acuoso del terreno vacío, intencionar de corazón el devenir venturoso de nuestra conciencia terrícola, y hacerla una práctica posible y constante, desde, para y en relación a este contexto. Aceptar que lo que muere son las formas, no la esencia, y que, tal vez, la creación de formas terrícolas nuevas sea hoy nuestra principal misión individual y, por ende, colectiva. Démonos otro tiempo fuera del tiempo para morir y poder, a partir de ello, renacer. 

 

Noviembre, 2021

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Nicolás Martínez Cremonese - ***

 

Nació en 1984, cuando todavía se discaba para hablar por teléfono. Es una mezcla argento uruguaya sin glifosato. Cayó y más tarde salió de la educación pública. Como actor integró varias compañías teatrales en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, siempre con muy poca popularidad, para no perder la costumbre. Cree que mucho de lo que hizo pre 2020 probablemente carezca de sentido para el mundo post covid. También cree que la certeza es la base de la locura. Es un alma antigua emparchada con corazón de ballena, cabeza de serpiente, cuerpo de pantera, contemplación de águila y sangre de abeja.